De repente me desperté sola, ya no estaban sus piernas enredadas a las mías, ya no estaba su espalda enfrentando como escudo el frío de la madrugada. Todo era una suma de mis partes, que se desintegraban en el espacio. Me di cuenta que estaba sola, con el mundo más grande de lo que imaginaba, y yo más pequeña de lo que recordaba.
Su boca, tan cercana, tan cómplice, ahora era la boca de un extraño que besa otros mundos.
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